El duque del Infantado y Alpedrete
El ducado del infantado es uno de los mayores títulos de la nobleza española, de los más
importantes sin duda. Además, es un territorio que comprendió muchos lugares,
sobre todo de la Sierra de Guadarrama
y Guadalajara.
En lo referente a Alpedrete, este ducado nos interesa por
su importancia y vinculación directa con su historia, pues Alpedrete fue uno de
esos territorios que se integró en este señorío tan amplio y grande, al que
perteneció hasta 1630 aproximadamente, cuando el rey Felipe IV le otorga la condición de villa –junto a Collado
Villalba-.
Por otro lado, el Duque del Infantado, Diego Hurtado de Mendoza y Figueroa, fue
uno de los señores más poderosos de España, hijo del I Marqués de Santillana, Iñigo López de Mendoza[1].
El ducado fue otorgado por los Reyes
Católicos consolidando a Diego como uno de los grandes y más poderoso señores de Castilla con un inmenso
patrimonio.
El título "del
Infantado" hace referencia a la alta dignidad del linaje, casi equiparable
a la de los infantes reales (hijos
del rey), aunque sin ser miembros de la familia real.
El ducado del infantado es uno de los mayores títulos de la nobleza española, de los más importantes
Contexto.
El Marqués
de Santillana y el Señorío de Manzanares
El señorío de Manzanares fue una vasta demarcación territorial en el norte de la
actual Comunidad de Madrid, cuyo origen se remonta a la Edad Media. Durante el
siglo XIII, el territorio conocido como la Tierra de Manzanares estaba bajo el
control directo de la Corona de Castilla, siendo un espacio de frontera entre
Castilla y los territorios musulmanes del sur.
Sin embargo, en el siglo XIV, Enrique II de Castilla, como recompensa
por su apoyo durante la guerra civil contra Pedro I el Cruel, comenzó a conceder tierras a nobles leales[2]. Es en
este contexto cuando surge el título de Marqués
de Santillana con el que se consolidará un linaje y poder señorial.
El título de Marqués de
Santillana fue creado en torno a 1445 por el rey Juan II de Castilla, quien otorgó el marquesado a Íñigo López de Mendoza (1398-1458), un
destacado político, militar, y poeta castellano, considerado una de las figuras
más importantes del siglo XV.
Íñigo López de Mendoza ya poseía
grandes dominios, y con el título de marqués, reforzó aún más su poder territorial.
El señorío de Manzanares (también conocido como el Real de Manzanares) incluía numerosos pueblos y aldeas. Entre
los que destacan: Manzanares el Real (donde se construyó el famoso castillo
nuevo bajo el mandato de los Mendoza), Colmenar Viejo, El Boalo,
Cerceda-Mataelpino, Moralzarzal, Navacerrada, Collado Villalba-Alpedrete, Soto
del Real (antiguamente llamado Chozas de la Sierra) o Miraflores de la Sierra
(antiguamente Porquerizas).
Este señorío comprendía una
enorme extensión que abarcaba parte de la Sierra
de Guadarrama, lo que otorgaba a la familia Mendoza no solo poder económico
gracias a la ganadería y explotación de recursos naturales, sino también una
estratégica posición militar y política.
El título "del Infantado" hace referencia a la alta dignidad del linaje, casi equiparable a la de los infantes reales
Pero, ¿desde cuándo existió el
marquesado?
Su origen se remonta al siglo
XIII, pero alcanzó su auge a partir del siglo XIV y XV, cuando pasó a manos de
la poderosa familia Mendoza, especialmente bajo el Marqués de Santillana, Íñigo
López de Mendoza, y más tarde bajo sus descendientes, los Duques del Infantado.
A grandes rasgos, podemos
establecer que El Marquesado de Santillana fue creado oficialmente en 1445. El
señorío, en sus formas feudales más plenas, se consolidó con Íñigo López de
Mendoza y su descendencia, quienes integrarían el territorio en el mayorazgo
familiar.
Con el tiempo, los Mendoza
también acumularon otros títulos importantes como el de Duques del Infantado,
aumentando aún más su influencia. El señorío de Manzanares perduró como unidad
administrativa feudal hasta el siglo XIX, cuando las reformas liberales
abolieron el sistema señorial.
El Ducado
del Infantado
El
Ducado del Infantado fue uno de los señoríos nobiliarios más poderosos de la
Corona de Castilla y, posteriormente, de toda España. Estuvo tradicionalmente
en manos de la familia Mendoza, una de las casas más influyentes entre los
siglos XV y XIX.
Orígenes
El ducado fue creado en 1475 por
los Reyes Católicos, quienes otorgaron el título de Duque del Infantado a Diego
Hurtado de Mendoza y Figueroa (1417-1479). Diego ya era uno de los grandes
señores de Castilla, pues había heredado de su padre Íñigo López de Mendoza (el
primer Marqués de Santillana) un inmenso patrimonio, incluyendo el poderoso
señorío de Manzanares y otros territorios.
El título "del
Infantado" hace referencia a la alta dignidad del linaje, casi equiparable
a la de los infantes reales (hijos del rey), aunque sin ser miembros de la
familia real.
Desarrollo y poder
Durante los siglos XV y XVI, los
duques del Infantado aumentaron su poder mediante alianzas políticas,
matrimonios estratégicos y el favor de la monarquía. Su influencia era
comparable a la de otras casas poderosas como los duques de Alba.
El centro del poder del ducado
fue inicialmente en la provincia de Guadalajara, donde levantaron el magnífico Palacio del Infantado en la ciudad de
Guadalajara (en torno a la década de los 80 del siglo XV), una joya del gótico tardío y el renacimiento
español.
Los duques también participaron
en la política nacional, en las campañas
de la Reconquista y en la vida cortesana, y llegaron a ser grandes mecenas
de las artes y las letras.
El señorío era prácticamente
autónomo en lo jurídico, fiscal y militar respecto a la Corona.
El señorío implicaba que los
habitantes de estos pueblos pagaban rentas y tributos a los Mendoza, que
también administraban justicia, cobraban portazgos y decidían en muchos
aspectos de la vida cotidiana. Los Mendoza establecieron sus propios oficiales,
alcaldes, escribanos y recaudadores.
Territorios que abarcaba
Aunque no formaba un único bloque
territorial compacto, los dominios del Ducado del Infantado eran extensos y
dispersos por varias regiones de Castilla. Entre los principales territorios se
incluían: Guadalajara y su entorno inmediato; la Tierra de Manzanares (norte de
Madrid) por supuesto, en lo que nos concierne[3]; Pueblos
y tierras en la Alcarria; varias localidades en Cuenca; Propiedades menores en
León, Burgos, Soria, La Rioja y Ciudad Real.
Aparte de los territorios
rurales, los Mendoza poseían palacios urbanos, sobre todo en Madrid y
Valladolid, además de fincas agrícolas, ganaderas, y rentas procedentes de
molinos, salinas y otros recursos.
Evolución y decadencia
A lo largo de los siglos XVII y
XVIII, como ocurrió con otras grandes casas nobiliarias, y a medida que el
poder –efectivo- de La Monarquía disminuía[4], así
como su extensión y hegemonía, el poder efectivo del Ducado del Infantado fue
menguando debido a:
La
progresiva centralización del poder en manos del rey.
Las
crisis económicas que afectaron a la nobleza.
Las
guerras y conflictos internos (como la Guerra
de Sucesión española).
Finalmente, durante el siglo XIX,
con las reformas liberales
(especialmente la abolición de los
señoríos en 1837), el ducado perdió sus privilegios jurisdiccionales,
aunque conservó su título nobiliario como honorífico y algunas propiedades.
Hoy día, el título de Duque del
Infantado sigue existiendo como título nobiliario en España, aunque
evidentemente sin el poder territorial que tuvo en su época de esplendor.
Pero, ¿Cómo
era Alpedrete en el contexto del Señorío?
En la
época del señorío, Alpedrete no era un núcleo importante ni independiente como
tal. Su origen lo podríamos situar, a grandes rasgos, en el siglo XIII-XIV como
un modesto caserío pastoril o de repoblación, vinculado a las vías ganaderas de
la Mesta y bajo la jurisdicción,
según el momento, de Guadarrama o de Collado Villalba, aunque también sujeto a
la autoridad del señorío de Manzanares en lo judicial y fiscal.
Características de Alpedrete en
esa época:
Era una
aldea menor, habitada por ganaderos y agricultores.
Su
economía se basaba en la ganadería trashumante, aprovechando los pastos de
altura de la Sierra.
La
abundancia de piedra granítica en la zona, más adelante, daría lugar a su
renombre por las canteras de granito
que serán ya explotadas de forma más intensa en los siglos XVII-XVIII[5].
Dependía
eclesiásticamente de otras parroquias.
No obstante, es a partir de 1630
cuando Alpedrete, conjuntamente con Villalba, consigue el título de Villa otorgado por Felipe IV[6]. Es en
este momento cuando Alpedrete y Villalba –dentro de un mismo municipio- serán
libres del señorío encaminándose hacia el siglo XVIII con su propia
jurisdicción.
El Privilegio
de Villazgo (1630).
El camino a la
Emancipación de Alpedrete
El año 1630
marcó un hito jurídico y social para Alpedrete. Bajo el reinado de Felipe IV,
y en un contexto de profunda crisis financiera de la Corona —que recurría
frecuentemente a la venta de jurisdicciones para sufragar los gastos de sus
guerras—, Alpedrete y Collado Villalba obtuvieron conjuntamente el título de villazgo.
Este privilegio suponía la segregación de la jurisdicción de Segovia (en el caso de la Tierra)
y, sobre todo, la salida del control administrativo directo del Ducado del
Infantado. Convertirse en "villa" no era solo un cambio de
estatus nominal, sino que significaba, además, que el lugar pasaba a tener
"jurisdicción propia", permitiéndole nombrar a sus propios alcaldes y
oficiales, y ejercer la justicia en primera instancia sin depender de la
cabecera del señorío.
Para los vecinos de Alpedrete, este paso supuso
beneficios tangibles: autonomía administrativa, control sobre sus propios impuestos
y la capacidad de gestionar sus bienes comunales y pastos de forma
independiente. Simbólicamente, la concesión del título permitía la instalación
de las "insignias de justicia" (el rollo o picota), que anunciaban a todo viajero que Alpedrete ya no
era un lugar supeditado a otro, sino una entidad política con voz propia ante
el Rey.
No obstante, esta libertad tuvo un precio: los vecinos tuvieron que abonar una cuantiosa suma en maravedíes a la Real Hacienda, lo que demuestra tanto la importancia que daban a su autonomía como la voracidad fiscal de la monarquía en el siglo XVII –recordemos una época con crisis y bancarrotas donde las guerras en Europa y los ataques “piratas” en los mares causaron muchos estragos a la economía-.
El año 1630 marcó un hito jurídico y social para Alpedrete. Bajo el reinado de Felipe IV, y en un contexto de profunda crisis financiera de la Corona —que recurría frecuentemente a la venta de jurisdicciones para sufragar los gastos de sus guerras—, Alpedrete y Collado Villalba obtuvieron conjuntamente el título de villazgo.
De la Protección Señorial a la Autonomía Local.
Una comparativa a modo de conclusión
La vida en Alpedrete dio un giro de 180 grados con el paso de señorío a villa. Bajo la tutela del Duque del Infantado, los vecinos vivían en un sistema
de protección feudal a cambio de una fuerte dependencia: el Duque, como señor
jurisdiccional, era quien nombraba los cargos públicos, administraba la
justicia y cobraba una serie de derechos señoriales que pesaban sobre la
economía local. Aunque el paraguas de la Casa de Mendoza ofrecía cierta
seguridad y orden en un territorio tan vasto, los alpedreteños carecían de
capacidad de decisión sobre sus propios recursos.
Tras la
concesión del villazgo en 1630,
la comunidad ganó en autodeterminación.
Al tener justicia propia, los conflictos ya no tenían que resolverse en
tribunales lejanos controlados por el señor, sino en el propio concejo de la
villa. Esta nueva libertad permitió a Alpedrete gestionar sus famosas canteras
de granito y sus pastos serranos con mayor beneficio para sus arcas locales,
aunque con el reto de tener que responder directamente ante la Corona y asumir
la gestión de sus propias deudas.
En esencia, Alpedrete pasó de ser
una pieza en el inmenso engranaje patrimonial de los Mendoza a ser dueña de su
propio destino jurídico. Un paso que se completará de manera definitiva el 26
de abril de 1840, cuando se segregue totalmente de Collado Villalba[7], pero
eso es otro tema que veremos en otro momento.
[1] Íñigo
López de Mendoza, el primer conde de Manzanares el Real. Poeta y militar del
siglo XV es conocido por haber escrito sus "Serranillas". Las canciones de serrana eran cantares
medievales breves que narraban el encuentro en la sierra de un caminante con
una pastora a la que el primero pedía ayuda para pasar la montaña y a menudo
favores sexuales. Otro ejemplo es el
"Libro del Buen Amor" del Arcipreste de Hita.
[2] La
primera persona de la que podemos hablar es Doña Leonor de Guzmán quien en 1346
recibió del rey Alfonso XI (1312-1350) el dominio de estas tierras, que
constituyeron el Real de Manzanares. Fue una noble castellana, amante del rey
Alfonso XI de Castilla. Fruto de esta relación nació, entre otros vástagos,
Enrique II de Castilla, primer monarca de la Casa de Trastámara. La relación
entre Leonor de Guzmán y el rey de Castilla serviría de inspiración para la
ópera La Favorita, de Gaetano Donizetti.
[3] Como
apunte, cabe señalar que Doña Ana
Hurtado de Mendoza, duquesa del Infantado, fue quien concedió a los serranos de “Collado Villalba y Alpedrete”
en 1630, su independencia del Real de Manzanares.
[4] Nos
referimos efectivamente a la hegemonía de la monarquía de cara a Europa y América.
[5] Gracias
a la hegemonía imperial, por un lado, y más adelante a las reformas borbónicas,
por otro lado. Sin embargo, la importancia será materializada ya a finales del
siglo XIX y durante la II República y Franquismo.
[6] A través
de Doña Ana Hurtado de Mendoza, duquesa del Infantado
[7] Expertos como Vacas establecen que la importancia de la villa residía en Alpedrete, la iglesia y decisiones, no tanto la extensión territorial, de ahí que la segregación fuese necesaria, no tanto para Villalba como si para Alpedrete.


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