El Rugido de la Piedra. Oda a Alpedrete

No nació Alpedrete del azar, no. Se equivoca quien así lo piense. Nació del golpe certero del cincel sobre la resistencia del tiempo. Hubo un abril, el de 1840, cuando el aire de la sierra trajo un aroma distinto: el de la mayoría de edad. Un 26 de abril en el que los nombres se separaron para que el destino propio pudiera escribirse con caligrafía de granito. Ruda, tosca y a la vez legible, elegante y bonita. Esa caligrafía que uno mira y se para a leer.

Al frente, un hombre con la mirada puesta en el horizonte y las manos curtidas por la responsabilidad: Basilio Montalvo. Él fue el primer timón, el arquitecto de esa libertad que no se pedía, sino que se labraba. Bajo su mando, el pueblo dejó de ser sombra para ser luz propia a los pies del Guadarrama.

La Estirpe del León y el Cincel

Mira su escudo, viajero, y verás al León Rampante. No es un león de seda, es un león de roca. Que ruje, que protege y pelea. Representa la bravura de aquellos canteros que arrancaron el alma a la montaña para construir reinos, y de los ganaderos que, entre encinas milenarias, trazaron las rutas de la vida con el paso lento y seguro de sus reses, de su vida, de nuestro alimento. Pasado y futuro, paso del tiempo.

Alpedrete es piedra, sí, pero es piedra viva:

Es el Palacio de Mataespesa, erguido con la elegancia de quien conoce su linaje.

Son sus parques, pulmones donde el granito descansa y la infancia juega entre la sombra y el sol.

Es la dehesa, donde la encina se retuerce en abrazos al viento, guardando secretos de siglos, bajo la atenta mirada de milanos, águilas, cigüeñas gorriones y golondrinas.

Es la iglesia y la ermita, refugio de Santa Quiteria, y el eco de los rezos. De los nuestros, de quienes ya no están.

El Milagro de Mayo

Pero si hay un día donde el tiempo se detiene y el corazón late al unísono, es el 22 de mayo. Cuando el sol de primavera calienta las canteras vacías, el pueblo se engalana para recibir a su madre: Santa Quiteria.

"Bajo el manto de la Patrona, el odio se vuelve arena y la disputa se hace silencio."

En ese día bendito, ocurre el milagro civil: rojos y fachas, hermanos de una misma sangre serrana, deponen las armas del verbo y la mirada. Por un día, no hay bandos, solo hay vecinos. Se olvidan las cuentas pendientes, las banderas se rinden ante la procesión y el brindis es por lo que nos une: el orgullo de ser de aquí. Se hace la fiesta. Es la tregua sagrada, el abrazo en la plaza, la fe —o la tradición— que borra las fronteras del pensamiento para recordarnos que todos somos hijos de la misma cantera. Dehesa y piedra. Si. Santa Quiteria.

Canto final

Alpedrete, de Basilio la herencia, del león la presencia, de la piedra la esencia.

Y es que, si acaso eres milenario, y como tal te guarda tu león, ondeando en lo alto en rojo pendón, es tu piedra, dura y resistente, nuestro santuario.

¡Que rujan las campanas cada abril por tu independencia, y que cada mayo Santa Quiteria nos encuentre juntos, brindando bajo el cielo azul de la sierra, por el pueblo que supo hacerse libre entre las rocas!

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